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Retrato en sepia

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Esa película antigua que veíamos una y otra vez, tu repitiendo los diálogos de él y ella; yo siempre llorando con el final. -¡Ay viejo, que difícil es llegar a esta edad! -Te invito un café mujer, como cuando nos conocimos en Los Portales del puerto. Abrazabas la idea de invitarme algún día ese café después de pasear ese romántico malecón, mirando en el suelo las artesanías multicolores. Siempre pensé que nadie debería caminar solo ese malecón. -Ayer llovió lo suficiente como para que crezcan un poco más las calabazas. -Que va, viejo, si cae una gotita más se pudrirán y sólo se las comerán los chanchos de Don Nicolás. -Tú qué sabes de calabazas si nunca ganaste el primer lugar en la feria de los huertos. Fue una lástima que al final, esas calabazas sirvieran de alimento para uno de los chanchitos del vecino. Caíste enfermo y desde entonces, siempre llueve en el huerto.

Sequía de julio

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Quédate ahí sentado, en el rincón, donde está la silla coja para que no se caiga. Guarda silencio, amor; mientras tomo mi café frente al librero, viendo mis ideas cabalgar desbocadas sobre los lomos de los libros, donde la vida no molesta y recuerdo aquella cita; sí, la que me remite a una sensación inefable, su compañía, mi ilusión de letra muda y puntos suspensivos…

Lluvia de junio

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Furtiva lágrima, furtivo amor sentado, en el silencio siempre en la esquina de la silla coja se regodea en su anonimato, nostálgico manto que lo envuelve. Advierto un gran nudo en tu mirada, presa ausente, vaga mi caricia desde tu cabeza hasta la nuca, mi respiración muy pronto encalla en una playa de circunstancias. Tarde, temprano ¡qué importa! ese caos nos confunde, con su torpe coincidencia otros brazos y otros labios que el hartazgo diario funde. Te sobrevivo en el tiempo como la flor   matutina que despierta en el rocío y cuando el sol la acaricia. Soy el abrazo que añoras lo que yo respiro, respiras algo duele, no es el adiós la lejanía que mata es el miedo de despertar y recordar por la mañana.

LA MUERTE JACARANDOSA

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Movida por la tripa escandalosa, me decidí a ir en busca de alimento, pero ya no el de los restaurantes cercanos, sus menús ya me tienen aturdida y asqueada, no porque la comida sea mala sino porque el lugar me parece repetitivo. Después de ver en el Google lo que pudiera encontrarme caminando por las calles de Coyoacán, sin alejarme tanto de mi deber; emprendí la andanza en una callejuela sin banquetas, algo así como... colonial, pero sin construcciones de esa época, casi no había gente, es domingo. Llegando casi a la esquina había un callejón con un altar de algún santo católico, adornado con banderitas de colores y un letrero enorme que decía "si te agarramos robando, te linchamos" y lo decoraba una rata con un saco lleno de cosas, pensé en sacar la cámara, pero pensé que no era muy buena idea, así que continué caminando hasta llegar a la avenida Churubusco, poco a poco empecé a divisar la entrada de un cementerio, claro, era el cementerio que se veía desde la ve...

DESDE UN SEXTO PISO

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Ciudad de México, primavera del 2019 Tras cuatro días de encierro en un sexto piso, comienzo a agarrar un valor sosegado, originado a partir de mi aburrimiento. La cámara fotográfica no es tan útil cuando permaneces en un cuarto frío conectada con el mundo a través de un celular; entonces comienzas a extrañarlo, deseas fervientemente salir del estado en el cual te has instalado por decisión moral ¿cuáles son los límites de una moralidad? Estrictamente se reducen a la familia, lo moralmente correcto se cimienta sobre ello, la sociedad pasa a un segundo término y la contaminación medio ambiental sólo es la cereza del pastel. Extraño esta podredumbre de mundo, es realmente desconcertante pensar en la ínfima parte que representamos cuando allá afuera algo es mucho más grande y todo esfuerzo humano positivo o negativo, es como quitarle el pelo a un gato, entonces todo se vuelve insignificante, todo se pierde y se resignifica para convertirse en un bálsamo que te e...

'PLAYAR'

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Aunque la basurita haya entrado por mis ojos, ellos son un manantial seco, estoicos contienen lo que no está destinado a alimentar el ego de los cerdos.   Las palabras las deshace el viento en su locución de burla y juego, pero perduran en un tiempo sin compás y la polución de su sonido, consume los huesos… los hace polvo. Una lágrima contenida es el mundo, nado en la playa de mi llanto anónimo, esperando que el ocaso se lleve mi hartazgo, y los recuerdos no sean mas que caracolas vacías en las corrientes abisales. Trato de rescatar las partes de mi mundo y me estoy hundiendo, me estoy ahogando; por bocanada de aire respiro agua salada y busco desesperadamente la mano de mi padre, ese gigante que entraba con nosotros y alzando los brazos nos rescataba de las fauces de las olas, pero mi padre no está, me he entregado a la tranquilidad de una muerte anunciada… por la mañana he recalado mutilada en las arenas, debo ‘playar’ como me enseñó mi padre, buscar has...