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Economía en tiempos de crisis: La confección de ropa con sacos de alimentos en los 30's

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Con la actual pandemia, muchos temas salen a colación, entre ellos, los tiempos de crisis que han azotado a la humanidad y que nos recuerdan que existen soluciones positivas y convenientes para beneficiar a todos los sectores de la sociedad. Pocas cosas merecen nuestra atención en las redes, hace un par de días me topé con unartículo sobre la elaboración de ropa con sacos de harina durante los años de la crisis económica que comenzó en los años 30's. Inmediatamente recordé una de las anécdotas de infancia que platicaba mi madre con mucho cariño, evocando a mi abuela, quien fue costurera  y le hacía vestidos con sacos de comida para pollo alrededor de los años 50's aquí en Chetumal. Una de las tías de mi madre tenía una granja de pollos, ella sabía que su hermana sabía costurar y tenía que batallar con una docena de hijos; pues su salario de costurera y el salario de mi abuelo que era profesor, no era suficiente. Así que ella le guardaba los sacos de alimento para ...

Serenidad

Será el tiempo y sus embates la primavera tan llena de gris los días que se avecinan el auto exilio en una fantasía teñida de un nosotros nostálgica, salpicada de ti. Eres el lienzo marrón de la selva la voz trémula de la montaña un sonido grave que recuerdo como el trueno de tormenta; por piedad yo te lo pido déjame vivir en mi mundo abrazada a lo que yo creo, tu imprudencia es demasiada cuando rozas la cicatriz con el filo de tus palabras, raro veneno que derramas   es hiel, hielo sobre mi cuerpo.

PENA DE MUERTE

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La certeza que da la oscuridad de que al cerrar los ojos nada pasará de que tu en mi último pensamiento será fuente y sepultura del tiempo. El tiempo que pasa constante el beso y abrazo distante una violenta mordida de las horas cuando todos se van y me quedo a solas. Tengo el corazón tibio de soledad es por eso que los atardeceres miro esperando el sepulcro de la noche cuando todo en rededor es más frío. Duermo la borrachera del tic tac del gruñido en el estómago que omito las sábanas raíces que envuelven el campo traviesa de un río vivo. Tú, mi río lleno de peces multicolores de piedras lisas y suaves, camino me baño en tus bruscas aguas y en tu remanso de fresca hierba la orilla húmeda de tu ser acaricio. Como el prisionero que se dirige al cadalso he parado de escribir este bello lamento otra vez es la danza inútil del segundero medidor incansable de la eternidad que siga bailando su estúpida mentira   mientras e...

Il Canto

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La notte qui non torna più Dal giorno che sei andata via Ed il cielo ha smesso di giocare Con le stelle e con la luna E le nuvole sono ferme qui Come lacrime che non cadono Vedi come il tempo Perde anche i ricordi Resta solo il canto Di un amore che non muore Prendi la mia mano Danza con il vento Apro le mie ali Posso solo amarti così Vieni, vieni via con me...

...

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Como aquél cuadro de Salvador Dalí “El médico que no está buscando absolutamente nada”, hoy frente al buscador de Google, no sé qué buscar y tampoco me siento con suerte; una mirada perdida en la luminosa pantalla del ordenador, y todo el mundo son un colibrí dormido dentro de mi cabeza, un sol bizco y un cuerpo de mujer mutilado; los mejores poemas de Bécquer y Calderón de la Barca… 36 libros a los 17 y media vida en cuadernos de pasta dura franceses. Me he regalado una sonrisa de ingenuo recuerdo al mirar los libreros, el suelo y a un lado de la escalera. También recuerdo el incendio que acabó con la biblioteca de Paz, creo que nunca lo superó, sin embargo, estoy segura de que estuvo eternamente agradecido con el gato que, sin quererlo, salvó su vida. He recordado su muerte, lo escuché en la televisión del cuarto de mis padres, del impacto caí sentada en la orilla de la cama y me invadió un sentimiento de orfandad, luego pensé “y ahora qué vamos a hacer”; tardé en sobre ponerme...

Retrato en sepia

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Esa película antigua que veíamos una y otra vez, tu repitiendo los diálogos de él y ella; yo siempre llorando con el final. -¡Ay viejo, que difícil es llegar a esta edad! -Te invito un café mujer, como cuando nos conocimos en Los Portales del puerto. Abrazabas la idea de invitarme algún día ese café después de pasear ese romántico malecón, mirando en el suelo las artesanías multicolores. Siempre pensé que nadie debería caminar solo ese malecón. -Ayer llovió lo suficiente como para que crezcan un poco más las calabazas. -Que va, viejo, si cae una gotita más se pudrirán y sólo se las comerán los chanchos de Don Nicolás. -Tú qué sabes de calabazas si nunca ganaste el primer lugar en la feria de los huertos. Fue una lástima que al final, esas calabazas sirvieran de alimento para uno de los chanchitos del vecino. Caíste enfermo y desde entonces, siempre llueve en el huerto.

Sequía de julio

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Quédate ahí sentado, en el rincón, donde está la silla coja para que no se caiga. Guarda silencio, amor; mientras tomo mi café frente al librero, viendo mis ideas cabalgar desbocadas sobre los lomos de los libros, donde la vida no molesta y recuerdo aquella cita; sí, la que me remite a una sensación inefable, su compañía, mi ilusión de letra muda y puntos suspensivos…