Soy la casa que me habita...

 



Soy la casa que me habita,

con un jardín de macetas

donde la lluvia es Santa

y los dioses jamás descansan.

 

Hay una recámara blanca,

lugar de silencio absoluto

donde yace mi voz quebrada

hablando con dulce indulto.

 

Del lado izquierdo una cocina

con aromáticas y fiambres

el amor nutre lo que imagina

el sueño de insaciable hambre.

 

En el centro la fe y el alma

la compasión y la piedad

la redención que llega gana

el perdón como única verdad.

 

En la fuentecilla dicharachera

uno se refleja cuando está contenta

las aves huyen y atacan las abejas

si olvidas decirle cosas amenas.


Hay un espacio reservado e íntimo

donde el espíritu de un árbol guarda

todo lo que a mi memoria rebasa

en tinta y hojas de papel lo libro.

 

Si la fortuna es buena contigo

podrás sentirte seguro en mi casa

no sentirás ni miedo ni frío

protegido estarás bajo mi manta.

 

La enorme puerta jamás se abre

si tocas con miseria y prejuicio,

pero si el amor en tu esencia late

adelante, pasa, eres bienvenido.

 

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