LA DIFERENCIA-L
Otra vez la gente, con esa máscara de sosegada preocupación por el prójimo, grosera y egoísta: la gente de la ciudad. Esta mañana he sentido un gran alivio al ignorar el grito, sí, el grito protagónico de un chafirete que se sintió con la consigna moral “¡Cheque su llantaaa!”, una especie de falsa camaradería.
Movido por el prejuicio, con la desfachatez de quien posee la verdad sobre las cosas, se dio la licencia, fuera de todo decoro para emitir una tonta advertencia.
Estoy casi segura que, desde su “empática” postura, a él le hubiese gustado que, si su llanta tambaleara ligeramente, una persona con el mismo nivel racional, lo hiciera por él; a arrancones, a alcances, a frenos intempestivos y finalmente explotar en sonoro bramido hacia un interlocutor inexistente, cuya finalidad fue IGNORADA, porque del otro lado; mi llanta lleva así alrededor de dos años, mismos en los que no he podido comprar las piezas para que deje de ser un fastidio para mí y una patética disyuntiva moral para la gente de la ciudad.
Hoy fue el día mágico, no hubo sonrisa, explicaciones ni hipócrita agradecimiento. Fue el día que cuestioné la competencia del conductor con el peatón a punto de pasar por el cruce peatonal, la invasión de autos a los espacios del transeúnte, la poca o nula educación, paupérrima consideración; la básica para coexistir pacíficamente hacinados en las garras asfálticas y confort anónimo de la ciudad.
En el mundo K1280 las cosas suceden distinto:
Alguien con el tiempo suficiente, siempre hay alguien; los habitantes de ese mundo saben que todos tienen la capacidad moral de preocuparse genuinamente por el otro, hay un semáforo en rojo y de un lado a otro, con señas, un conductor capta mi atención:
-Buenos días, venía detrás de ti y me percaté de que tu llanta se tambalea ligeramente, ¿te has dado cuenta de ello? (no presupongo nada, hablo desde lo que observé).
-Sí, es mi barra diferencial que no he podido cambiar.
-Ojalá puedas pronto repáralo, entre tanto ten mucho cuidado. Lindo día.
Esa es una manera correcta de expresar preocupación por el prójimo, ofrecer consuelo y mejorar el día. No gritando, manoteando, pitorreando, haciendo muecas de gárgola y arrancones que lo único que provocan es terror, en una ciudad donde la delincuencia está a la orden del día. Eso hace una enorme diferencia.

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