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Para ti...

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Se añeja en la memoria un fantasma de sombra Pequeña y juguetona, la veo brincar y sonreír Brebaje embriagante de dolor e indulgencia Sigue creciendo cada vez que mi voz te nombra. Te escondes y te asomas como botón de flor Que se marchitó antes de primavera Sigo el silencio de tus pasos lúgubres Temo no conocer a quién del otro lado te espera. Más seguro en el recuerdo te acuno Te mezo entre gotas de un mar calmo Del sueño que siempre dormiste tibio Arrojado en el frío desesperado del mundo.

Punto Ciego...

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En el agua, entidad primigenia Nada, apenas un mundo El temblor de la caverna y su paso sin luz. En la soledad de su muerte Duele en la memoria Del Leteo es gota. Impuntual, también es llegar antes Como la lluvia que anuncia una tormenta Un cielo rojo de invierno, brizna Y el delfín muerto en la arena. 

Visión en la Bahía.

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“Estoy agotada”, dijo un ave acorralada. La bahía era un espejo, la brisa suave como caricia materna y mi visión era como la mirada de un recién nacido, la luz tenue entre los nimbos de tormenta se disipaba en el horizonte siempre limpio. Las rocas en la orilla de la playa jugueteaban con las olas a las encantadas, la ola reía con su sonrisa espumosa tras cada revolcada, hubo un silencio de mi infancia cuando se reflejó en las aguas el mechón juvenil de la abuela, la barcaza del bisabuelo apareció anclada muy cerca de mi pecho; los piececillos de mi madre, caminaban descalzos con la niña de mis ojos hasta perderse entre la maleza de la orilla de un muro. Habló mi infancia desde las profundidades de ese mar, calló los pesares para carcajearse de mi cansancio y el ave intentó su último vuelo, no avanzó mucho cuando se desplomó y la vi ahogarse poco a poco, lentamente. Apagué mi cigarrillo, me despedí de todos en mi memoria, pensé en que el día aún no acaba y que todavía...

El Mar de mi Vida

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Hemos visto la playa por la noche, la brisa más fresca de lo habitual, me hacía sentir la cercanía del invierno, pero en la orilla, dijiste que el agua es tibia en dirección del camino resplandeciente de la luna Gibosa de diciembre. Una visión impresionista de la marea viva, las olas  avanzaban hacia nosotros, danza de sombras son las crestas y la arena húmeda reflejando la amarilla despedida de los días felices mirando el horizonte. Las rocas celosas a contraluz marcaban el inicio, señalaban el final, entre ellas se deshacía el pulso del océano porque el viento acariciaba al mar. Alrededor del grácil paisaje, todo es oscuridad, todo es punto ciego, como la incertidumbre del reloj en tu muñeca, enemigo temible de las tardes dominicales, cuando el sol detrás de mí y delante  tuyo acompaña nuestro regreso. Permanece en la memoria el sabor salado que nos regala el saber a-mar, hemos vuelto de lejanía consumidos,  como la sal, el tabaco y el café retornan a su sol...

La Ciudad Atrapa Sueños

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“No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. No duerme nadie.” Federico García Lorca En el semáforo, su caminar de barca a tropel sobre el oscuro asfalto De orgullo doblegado por las calles sucias de su piel Un rostro estoico y sin embargo de ello vendrá el mendrugo de pan, La negativa o indiferencia del silencio privado. Pensar el instante que como imagen se ha quedado en estas líneas La  decadencia urbana como símbolo se yergue en un crucero De pensamientos varios… y entre ellos tu mirada de espejo lacustre Que trae el pasado de un  abril que pervive en los sentidos. La ciudad donde nadie sue ñ a, mi urbe y su monstruosidad Donde la vida transcurre como despertar diario Como la pesadilla constante del tiempo impuntual Como refugiarse en los brazos del caos Y las calles arácnidas de la ciudad. Siempre dicen las sombras: el sol sale para todos cada día. Se desprende del ave fina su vuelo de bondad “No duerme nadie...

Saber a-mar

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Sumergidos en la bruma El océano se ha robado sus nombres Nadan el anonimato del deseo, Si acaso un pescador los viera No sabría de donde vienen ni a donde irán No intentaría siquiera lanzar su anzuelo Por temor a quitarle la sonrisa al mar. Háblame de ese amor que pernocta Encrespado en tu mirar de peces Hasta que salga el sol en el sur Y el púlpito horizonte  redima La hora más oscura de la noche. Que mi silencio te acompañe En la certidumbre de nuestro sueño Beso salino que escuece las ausencias Quietud y sosiego, brisa marina Que salpica la vida mía tras beber la sal de tu lengua.

Muñeca de barro

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Que la infancia, ese dulce tormento... ¡Han sacado los signos a pasear! (Perros olvidados) ¡Le han roto la patita! bermeja madera (La cornamenta chata) ¡Le han zafado el bracito! barro cocido (Adentro, una cuerda se desgasta) Le preguntan a las caracolas Habla el mar, susurro de ausencias Con su lengua húmeda, serpentina de sal embalsama una herida (que es sonrisa inocente) Y nada en el papel, un pez inmortal Sin boca mira, una niña mutilada se asoma Con voz de oleaje calmo La abrazo en la orilla... Playa vuelo de manoposas, miran con su luz La mañana de paz, café y letras.