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LLUEVO

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Un cielo molesto gruñe lo que anhela aquí la lluvia no llueve es la tarde más soleada de todas y entre los nimbos retumba el eco del trueno apenas es luciérnaga la luz del relámpago las aves vuelan y sus trinos son pesares levedades que se arremolinan en el reflejo de tus ojos milenarios gran roble. Destino cada fuerza de mis días a encontrarte en la brisa matutina, en el cantar metálico y las pesadillas más valdría hundir los deseos en una almohada impregnada del musgo de los recuerdos tersos como el andar húmedo de la lengua y los dedos que trepen tu corteza. Sin veces huye la sombra a mi desvelo esa tonta nocturna que me abandona huérfana de todo y todos me he quedado sin puño, sin tu mirada de abismo luminoso y es en este día, en esta hora de pesadumbre minutos y segundos de latidos descompuestos como cuando al reloj se le acaba la batería el momento en el que la semilla germina porque lo que la lluvia no llueve, lluevo.

En otro aire...

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Las tardes se desangran tras el beso rasga-dura Presencia del dolor, la ausencia, la distancia El abismo de sombras que cuelgan de las ramas Escucho su aleteo de viento en el halo de la luna. El árbol se estremece desafiando las miradas. Devuelvo el reproche de un iluso lucero ¿Cómo es que bermeja te antojas enamorada? Como el calor de verano es la noche de tu sueño. Fotografía: Luis Salazar

Nado la nada...

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No importa si le tengo que echar más agua al último café de la noche, su amargura se la debo a la luna sin poeta que espera silente a que vaya la inspiración en el soplido del hálito salino, el mar, viejo y muy querido amigo. Hundidas las barcazas, de polizones los besos, naufragan, se ahogan, se pierden nadando hacia los abisales de peces ciegos. Pienso en lo irremediable de la novedad y en la antigüedad de un alma que ya no existe porque no hay quien se reconozca en ella. Libre. No decido entre dejar los brazos o las piernas en la orilla. El sol bañará las miradas sin dirección en el largo y vasto espacio de los amantes que vacían su amar en el océano. Y si al medio día pierdo la sombra, cose mis labios para no gritar mi horfandad a la rosa de los vientos. Estrella de mar y cielo que se perpetúa en los ojos del pescador, única querencia de la tormenta. Un día regresé sola del mar y  la casa no era hogar, entonces grité mi soledad y mis ojos fueron océano de un instante...

El Acorde del Viento

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Antes de hacerse pedazos el cielo a un paso, se encuentran la fugaz estrella y un deseo el dolor de la distancia es efímero juego que desprenden las miradas como soles de otro tiempo. Como el pez muerto hoy decido nadar la nada de tus caricias y besos el abrazo impuntual de las horas perdidas en los signos de tu cuerpo. A veces el odio es tan grande en mi pulso izquierdo porque es tanta la ausencia que viaja en las alas del viento vive y sueña, en el acorde en la voz de mis noches cuando a lo lejos de ti muero.

A la sombra de la luna

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El espacio nocturno de dos cuerpos una duna las estrellas tímidas en el oscuro y resplandeciente blanco de la cresta de las nubes su calidez en la orilla de tus labios el delfín acompañando una barcaza de besos, en los brazos de la brisa tu respiración susurraba el deseo de reflejarme en tus ojos lunar espejo. Tú todas las Pléyades es nuestro su andar de ola de mar calmo y embravecido tras el abrazo de sal y arena al despejarse el cielo sin luna en el pensamiento te recuerdo perdidos en la piel de nuestra playa que hoy como siempre nos espera.

SIN IMAGEN

¡Qué triste se quedó mi grafito! su gris hace honor a los días el nimbo y el zanate paradoja de color elucubraciones del murmullo de una ciudad deshecho, París en la mierda los libros en orden, empolvados y un pensamiento suelto. Eterno el cigarrillo la calle con su maldita música la borrachera del vecino y en todo ese marasmo platico con la sombra del frío, de la oscuridad, de la amargura de la humanidad del chiste que es ser mejor cada día de la broma que nos juegan las creencias del sucio pescado que no se tragan los adventistas del amor al prójimo fraguando guerras intestinas hay que tener un estómago que no se coma así mismo valor para abrir los ojos al amanecer ponerse de pie y salir a recibir la bofetada del mundo hay que llorar por las noches si es necesario fingir que morimos al cerrar los ojos para no tener responsabilidad de lo que acontece afuera andar como las bestias y reducirnos si así lo deseamos, a un mero accide...

Volando sobre el faisán...

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Por la tierra ancestral Camino entre fantasmas Despojo de musgo los cuentos La fuentecilla de sapos El difunto Don Luisito El túnel verde por donde pasaba un tren Pacientes sueños de estación   Durmientes que parecen levantarse Y andar a mi lado ¡Vámonos! El techo de lámina vuela ¿Qué llevas en la maleta? La infancia corazón de caliza Y en su blanca y húmeda maleabilidad El beso de la brisa Que endurece la memoria ¡Eres grande Chichen Itzá! Ahí es blanco el gavilán Blanco el camino Como la inocencia con que mira El papalote un niño Las flores bordadas, el barroco y el semáforo rojo Cobran la vida de un mal pensamiento La mancha de hiel se extiende hasta la iglesia Una cruz pende de su cuello Se oye el grito ahogado del cenote El graznido del ave enfurecida La hojarasca que aplaude El exilio del recuerdo muerto.