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Saturno RETROGRADO

¡Desatad la tempestad! Nadar en mar de avernos De fuego cruzado Fruncirte la piel Y con el salitre de cada lágrima Escocer tus heridas De tus gemidos Estallará mi risa Hasta verte desvanecer. De besos con miel Cerraré tus ojos Y me agazaparé en tu abrazo Izquierdo, moribundo Estará ese músculo Que llamas corazón. En vano pedirás disculpas No acallarás mi furia Manantial de oscuridad Te abandonará hasta tu alma Quien tampoco te concederá el perdón. Muere, yerro de divinidad Hacínate en la inexistencia De tus palabras sin sentido Traga una a una mis ilusiones Con-vertidas en un pantanal. Me verás arrastrarme  Entre la hojarasca Cual sierpe En un invierno de muerte, Y al primer rayo de sol No volverás a mirarme Porque me habré ido Con nueva piel A reptar los mares.
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¿Cómo he podido sobrevivirte? pájaro de alas abiertas escribo con la sangre de mi bolígrafo para no olvidar que estamos en algún lugar y tiempo que todavía no coinciden.

Antes de dormir

Te abrazo fuerte Y en tus redondeces, pequeño consuelo Se encuentra una esperanza Para mi mundo jodido Sin sombra dialéctica Que gruña mis primaveras. Sospecho, que el llanto enjugado Tuerce la boca en concomitante sinfonía De sollozos, rabillos húmedos Desierto de mis ojos Sin niña Ciegos ya De ver los amaneceres.

Ojo de Sol

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La pequeña Isabella se encontraba de mal humor, lloraba con mucho coraje, sofocada por el intenso calor. Su madre, quien ya no podía controlarle con paseos, cantos y vaivenes en la hamaca de crochet agua marina, resolvió sacarle al patio y situarla debajo de un árbol de grosella para que se tranquilizara con la escasa brisa de los otoños peninsulares. La abuela Tina salió a platicar con su hija, la madre de Isa -como cariñosamente le dicen a la pequeña de un año- y al percatarse dónde se encontraba Isa, exclamó: -¡Quita a la niña de allá!, acomódala más en la sombra. -Mamá, está en la sombra. -No, allá le está dando el ojo de sol Por un momento pensé en la creencia del mal de ojo, en lo irascible que podría ser, tratar de protegerse del sol a toda costa o quizá el hecho de conseguir un amuleto que contrarreste  la maldad contenida en el astro solar. -¿Ojo de sol?, cómo que ojo de sol, no entiendo. -Si, mi abuelita Liberata que era maya así nos decía, el ojo de sol son es...

A favor de la corriente

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Ha muerto un pez, pescado en la noche cuando ni luna lo acechaba, ni estrellas acariciaban sus escamas. Toda fuente de luz ha sido cubierta por un velo viscoso del color de tus ojos que miran hacia un lado por donde escapa un pedazo de mi existencia.

Carta desde un lugar cualquiera (Fragmento)

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QUIERO APRESAR LAS LETRAS DE TU NOMBRE Y GRABARLAS EN MI ESPACIO SIN TIEMPO, PERO ALGUNA SE ESCAPA INCOMPRENSIBLEMENTE DE SU PERFECTO Y NÍTIDO ENGRANAJE. Y TODO QUEDA ROTO TODO DISUELTO EN CAMPO DE CENIZA. ¡SÓLO UNA GRIETA AHOGADA EN EL SILENCIO, UNA DESESPERANZA SIN REMEDIO! PERDONA QUE TE ESCRIBA DESDE UN LUGAR CUALQUIERA, PERO NO TENGO UN SITIO QUE ME INVITE AL DESCANSO; PERDONA QUE NO DIGA TU NOMBRE PORQUE TEMO QUE EL VIENTO MORTAL, LO DESINTEGRE. QUEDA AQUÍ, RESGUARDADO EN ESA ÍNTIMA, SILENTE SOLEDAD QUE ME ENSEÑÓ A ENCONTRARLO MUY ADENTRO, ENCENDIDO Y CONSTANTE EN LA VIGILIA. Margarita Paz Paredes.

EL SECRETO MEJOR GUARDADO

Su nombre comienza con la letra E. Todavía puedo recordar las botas viejas de cuero café oscuro con las suelas desgastadas y manchas de lodo por todas partes, las agujetas eran unas tiras de tela deshilachadas, había perdido las agujetas tratando de amarrar unos encargos a su bicicleta; yo solía acompañarle parada detrás de él, cuando se cansaba, era yo quien manejaba, la mayoría de las veces terminaba los recorridos de ida y vuelta sin soltar el manubrio. Cuando llegaba a su casa, se quitaba las botas y las aventaba hacia la esquina de siempre, ese era su lugar, yo me recostaba en el suelo para leer mi libro de cuentos favorito; él reía cuando sacaba de mi mochila ese librito que papá un día me regaló, decía que esa basura no me serviría, que mi cerebro se estaría llenando de una viscosidad que con la edad se haría más difícil de quitar. Su abuelo no sabía que fumaba, así que se las ingenió para guardar los cigarros en una lata de galletas danesas que consiguió en casa de s...