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ÁAKTUN

A la memoria de mis ancestros I Vivo los días Cuando de noche mis ojos abiertos Son una acequia de sombras Se desbordan mirando la luz del tiempo Lago de cera A la postre Arena y muerto un caracol Muerto un pez Coagula la sangre del puño Garganta de los signos ¿Por qué vivirlos escuchando las plegarias? Miedo mordaza Gritos inertes La soga al cuello se desgasta Si he de vivir los días Será a través de tu llama Hasta que el lago ahogue Mi último suspiro. II Anochezco Soy sustancia Mineral filtrado la materia Camino blanco Abro paso entre los huesos Él suelta mi mano Tintineo que hiere Sangre barro Nazco reptil Genio de mi estirpe Casa de hombres sabios. III Medio día Frío torrente bermejo Otra vez camino blanco Luz que no perciben mis ojos ciegos Me he quedado cautiva De la bruna transparencia Se mece el barro cocido Ruido relámpago, lluevo. Soy simiente Semilla que germina Árbol sin ramas ...
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El árbol que espera.

CORTEZAS

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I El árbol que quiere ser ofidio Sus raíces serpentean Sobre la tierra Se hunden en el agua primordial Y gestan la oscuridad en la oquedad, Instante prístino Entre el respirar y el primer suspiro. Despertar de muerte. II El árbol que quiere ser niño Anuda su garganta Péndulo constructo Carcajada de aire entre sus ramas Espécimen cuenta estrellas Confinado a albergar pájaros. III El árbol que ha puesto zapatos Lleva consigo roca y madera Parlan el tímido canto De los veinte años que culminan Lapso contenido en el crimen De la ausencia diaria. IV El árbol que deshojado expone Su desnudez es a contrasombra Belleza y piedad Ave ocaso ¿Acaso vuela a través de quien mira? Y su danza de viento Es un vals de hojarasca. … Árbol juego, papel y tinta.

AKANTUN

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Los rumbos murmuran El eco pétreo que no reposa, Constante saliva La humedad del silencio, Contiene lo que besa Polvo de divina gracia En la boca del muerto. Donde lo inerte calla Las piedras hablan Llena la nada La vacuidad del tiempo

AKANTE

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I Creció en la espera un árbol Del sur vino su nombre Amarillo medio día era Uno, dos, tres, gemía El dolor de viento destrozado Isla de luz, luciérnaga En el oscuro vacío La red que al agua hiere Locución de monstruo terrestre II En el centro su estera Verde mensajero celeste Pare la noche su luz esférica Mar de muslos abiertos Una barcaza fantasma: navega Suspendida en la oquedad Se ha desatado un tormento III El canto expulsa la simiente De la espiral de fuego que embiste Descalza la paciencia Uno, dos, tres corta el viento Un grito serpea entre las ramas Del árbol que espera.

El Rostro de mi Sombra

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La conciencia pesa... La conciencia apresa...   La conciencia es presa... Mi conciencia se funde si la lumbre de tus ojos me mira Es prístina como el eco ausente e inaudible de tu risa Se corrompe si acercas la brisa marina de tu aliento La conciencia ex-presa La libertad dada a los pájaros La libertad de amar no es acto Hasta que no estás consciente de que no existe otra forma de hacerlo.

II

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¿Dime si sientes la llama convertirse en brasa? Remover las cenizas para revelarnos con fuego nuevo Lentitud mítica de lumbre que todo lo funde con su bermejo candor Esa ceniza de utilidad doméstica Que mi abuela utilizaba para proteger sus ollas del tizne Cuando aún las tres piedras Eran testigos de su sazón entrañable La ceniza que alimenta las tierras del labriego de estos lares Para que la gracia crezca siempre bella Mezclada con agua corroe la firmeza del metal Y blanquea de las jícaras su interior También ablanda el agua dura Mitigando un poco el arduo trabajo de la lavandera de río Marca la fe del creyente en su frente La ceniza que vio al Fénix renacer… “Donde hubo fuego cenizas quedan” Versa un dicho popular Hoy digo que debajo de las cenizas Siempre aguarda una sorpresa.